
Boedo Antiguo comparte sus actuaciones con el barrio desde hace dos décadas. Limitados por la pandemia, en 2020 tuvieron que trabajar de manera diferente pero siempre con la misma pasión, emoción y compromiso. Hablamos con Liliana Guani, directora del grupo, y con Diana Feld, integrante del mismo.
Tintas de Boedo: ¿De qué se trata Boedo Antiguo?
Liliana Guani: Es un grupo de teatro callejero y comunitario que está en el barrio desde el 2000. Trabajamos con lo que es teatro de vecinos para vecinos. Llevamos hechos cinco espectáculos con la historia del barrio de Boedo, nuestra historia Argentina desde la llegada de los españoles hasta el 2001, una obra que se llama “Memorándum” que trabaja sobre la memoria y otra obra que se llama “Flor de Guacho” que es sobre la discriminación. Nosotros ahora somos 20 personas pero la idea es que seamos muchos más. Ensayamos en “El Tipográfico” desde hace 3 años, que es un lugar muy lindo y estrenamos nuestra última obra, “Boedo Antiguo”, en diciembre del año pasado.
TdB: ¿Cómo fue el 2020 del grupo?
LG: Nuestro objetivo era trabajar en el barrio, en la Plaza Boedo, como para que los vecinos se sumen al grupo, cosa que la COVID nos impidió. Entonces, lo que hicimos fue trabajar vía WhatsApp. Hicimos bastantes producciones, un video contando qué somos. Después, hicimos trabajos actorales, construcción de personajes, grabamos voces de personajes, y con todo ese material hicimos un video que se llama “Palabras” que presentamos en diciembre en la semana del teatro comunitario en la Argentina. También, estuvimos trabajando con el tema del radioteatro. Empezamos a elaborar ficciones a través de temas como el tango, el grupo de teatro, la plaza Boedo, los cafés, siempre tratamos de darle la identidad del barrio. En este momento los estamos finalizando. Este año fue terrible para nosotros porque la verdad no pudimos estar en contacto con la gente. Pero hay que resistir. Todos los grupos estamos así. El contacto con el público te da mucha energía para seguir trabajando.
Diana Feld: La verdad que fue difícil para el grupo. Mucha gente no estaba en condiciones para conectarse. Entonces, nos filmamos cada uno. Ahora estamos armando un radioteatro que es una buena experiencia. Estamos haciendo reuniones virtuales y hablamos mucho del barrio de Boedo, de San Lorenzo, es una experiencia difícil.
TdB: ¿Qué características tiene el teatro comunitario?
LG: Nos parece que trabajar con la identidad del barrio, con los vecinos, es importante. Es recobrar la memoria, es seguir dando esa identidad y marcando esa historia que tiene Boedo. Los grupos son abiertos, puede venir cualquiera desde los seis años. No tiene que ser actor, ni actriz, simplemente tiene que unirse al grupo y empezar a trabajar en comunidad, ir aprendiendo, ir aportando. En general, nuestras producciones son un producto grupal. No tomamos una obra ya escrita y la hacemos, sino que investigamos, hacemos escenas, todo grupalmente. En definitiva, el grupo es muy horizontal.
DF: El teatro comunitario me atrae mucho porque es un teatro de los vecinos para vecinos, donde tratamos las problemáticas del barrio, la memoria. Nosotros metimos la pandemia en la obra del radioteatro. Lo que tiene de interesante es que las obras las armamos entre todos, investigamos los temas, siempre temas vinculados al barrio, y en función de eso armamos las obras.
TdB: ¿Qué planes tienen para el 2021?
LG: Los que quedamos en el grupo somos personas bastante grandes y entonces nos tenemos que cuidar más que otros. Nuestra idea era volver a la plaza de Boedo con distanciamiento, con protocolos. Ganas tenemos pero, si no llega a producirse, hicimos una aproximación al Zoom en fin de año y tal vez los primeros meses trabajaríamos ahí y elaboraríamos otro material como el radioteatro.
DF: Lo que nos interesa es que se acerque la gente. Ampliar el grupo y que venga gente del barrio. El no tener público es terrible. Es muy difícil. Las obras que hacemos no las hacemos en un escenario, sino al nivel del público. El público se sienta a los costados de donde estamos nosotros. Estamos en contacto permanente con la gente. El contacto entre nosotros también es muy importante. Hay mucho contacto físico. Vamos a tener que modificar nuestras obras porque es imposible hacerlas sin contacto. El Zoom es una herramienta y la tenemos que usar pero no es lo ideal para un teatro. Pero hay que usarlas para poder seguir creciendo.
TdB: ¿Cómo es el trabajo de realizar una obra con vecinos que tal vez no tengan experiencia en teatro?
LG: Comenzamos con un trabajo de entrenamiento corporal y vocal porque el teatro comunitario implica mucho canto y lo que hacemos son movimientos grupales. No hay nadie que trabaje solo. La gente que viene se acopla a estos grupos. Nosotros trabajamos con que uno de nosotros se convierte en madrina o padrino y comienza a ayudar a la persona que llega. Nosotros ensayamos los sábados 3 horas y hacemos este tipo de entrenamientos, trabajo con la voz. El que tiene ganas de meterse y actuar rápido, actúa rápido, y el que no tiene ganas o le da más vergüenza, espera. Pero en general, la gente se empieza a entusiasmar porque no hay nadie que sobresalga en el grupo ni que tenga que estudiarse un parlamento largo. Vamos trabajando en ensambles grupales, coreografías. Eso va dando todo un contexto.
TdB: ¿Por qué Liliana decidiste empezar a trabajar con el teatro comunitario?
LG: A mí lo que me empezó a interesar es que en el teatro de sala producís una obra y el público viene a verte. Acá el teatro comunitario invade los espacios, va a una plaza y da su obra, hace una tarea grupal y me gusta que cualquiera disfrute del teatro sin esa barrera de ir al teatro especialmente. Me interesa disfrutar, divertir y a la vez ejercer la memoria.
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