
Pasillo al Fondo es desde hace cinco años un refugio para el teatro independiente y, en este tiempo de pandemia, ofrece visitas guiadas para que vecinos y vecinas conozcan el lugar. Mariano Terré, director del espacio, nos cuenta la historia y presente de este escenario cultural de Boedo.
Tintas de Boedo: ¿Dé qué se trata Pasillo al Fondo?
Mariano Terré: Hace cinco años que estamos en Boedo. Esto primero iba a ser una sala de ensayo y un estudio y de pronto se formó un pequeño teatro. El 90 por ciento de la programación de la sala son obras de teatro independiente. Con la pandemia nos estamos reacomodando y tratando de generar algunos proyectos más. Cuando podamos volver a lo presencial, queremos armar una escuela de teatro para el barrio. Veníamos muy bien, hasta marzo del año pasado, haciendo muchas funciones con mucha gente. Hacíamos tres o cuatro funciones por fin de semana. La sala genera sus propios proyectos pero además vienen muchos proyectos de afuera, proyectos de otros elencos, de otras compañías, o se alquila para ensayos y clases. Desde marzo se paró todo y hoy estamos haciendo algunas cosas virtuales pero no hay forma de que lo virtual genere ingresos para la sala. Durante el último año no hubo entrada de dinero.
TdB: ¿Por qué se decidieron a hacer un espacio cultural?
MT: Soy actor, después estudié dirección y además doy clases de teatro. Siempre mis obras las hacía en otros espacios pero vivo cerca de acá. Por contactos surgió la posibilidad de este espacio. Me dijeron: “Mirá, tenemos un galponcito atrás de una casa que queremos alquilar”. La idea original no era armar un teatro porque montarlo es mucho dinero. Así que empezamos con un estudio, dar clases y ensayar. Pero un par de colegas me dijeron que me podían pasar unas luces, unas gradas y empezamos a armar un teatro, a pintar paredes, a poner piso de madera para el escenario. Esto era un galpón pintado de blanco y hoy se transformó en un teatro donde pasaron miles de personas. Por lo menos cien personas por semana durante estos años. Empezamos a hacer funciones y sin querer se armó un espacio teatral independiente, en donde cada uno puede venir y proponer lo que quiera.
TdB: ¿Cuál es la idea para el espacio a futuro?
MT: Nuestra idea ahora, más allá de que estemos cerrados y que no podamos hacer funciones presenciales, es invitar al público a conocer el espacio. Una visita guiada muy chiquita. Queremos invitar al barrio a conocer el espacio, ver lo que es un teatro por dentro. Estamos armando una escuela de artes con talleres para todas las edades. Y cuando vuelva la presencialidad, la idea es abrirle las puertas al que quiera venir a proponer algo, que no sea un lugar sólo para nuestros proyectos, que el espacio esté abierto para todos, para todas las disciplinas artísticas. Más allá de que acá se hace teatro, se han hecho presentaciones de libros, exposiciones de pintura, de fotografía. Queremos generar mini recitales, algo muy íntimo y acercar el espacio al barrio también, integrarlo, empezar a hacer funciones en la vereda para el público del barrio.
TdB: ¿Cómo ves la situación del teatro independiente en este momento?
MT: A partir de la pandemia hubo un parate total. Los teatros independientes en forma virtual pudieron hacer durante la pandemia un 10 por ciento de lo que hacían. Pero a la movida cultural de la Ciudad de Buenos Aires no la iguala ningún lugar del mundo. Hoy debe haber cerca de 200 espacios culturales y teatros. Es un montón. Un viernes a la noche tenés 200 obras para ver. Eso no pasa en ningún lugar del mundo. La movida independiente es muy fuerte en la Ciudad. En Boedo hay muchos más espacios culturales de los que la gente cree. Hay tango, milonga, ferias, arte plástico. Desgraciadamente, hay espacios que están cerrando porque las ayudas no alcanzan, los alquileres son imposibles de sostener si no se está en funcionamiento. Dentro de un mes vamos a cumplir un año cerrados. Los teatros independientes necesitamos del apoyo del público y del Estado porque son tiempos durísimos para todos. Un año sin abrir es insostenible.
TdB: ¿Qué tipo de obras se pueden ver en este espacio?
MT: Somos muy amplios. La mayoría de las obras que pasaron son dramas o comedias dramáticas. La idea siempre es querer contar algo. Nosotros tenemos un ciclo que se llama Pasillo Breve, que es un ciclo de obras cortas. Los viernes de cada mes se presentan 3 obras, de tres elencos distintos. Obras de un personaje, dos. Son obras de 20 minutos. Podés ver comedias, dramas, monólogos. La idea de este ciclo es que pueda sumarse gente aunque tenga una obra pequeña y sumar un público genuino. Somos bastante abiertos.
TdB: ¿Cuál es la relación entre este espacio y el tango?
MT: A mí me gusta mucho el tango. Cuando llegó el momento de armar la sala, mi pareja me regaló la posibilidad de que pintaran un mural en la sala. Cuando hablo con los muralistas, les dije que hagan lo que quieran. Entonces, pintaron la cara de Gardel cuando no sabían que a mí me gustaba el tango, no habíamos hablado para pedir eso. A ellos se les ocurrió que en este espacio, en este barrio, tenía que estar la cara de Gardel y hoy lo tenemos en la sala. Así que cuando hablamos con el diseñador para armar el logo de la sala empezamos a pensar en el fileteado. El tango está presente y tenemos ganas de armar shows de tango. Siempre nos enfocamos más en el teatro pero ahora queremos romper un poco con eso y abrirnos más a la música.
TdB: ¿Qué ventajas ves en el teatro independiente?
MT: El teatro independiente es mucho más accesible. No es que los artistas trabajen gratis, es que el teatro independiente trabaja con otros valores porque también los costos son otros. El público tiene la cercanía de tener un teatro en el barrio y no tener que moverse hasta el centro. En el teatro independiente se ven grandes obras de teatro, un teatro mucho más elaborado, más puro, más personal, más teatro de autor. Cuando un director o un elenco se propone hacer una obra de teatro, la idea es comunicar algo que vaya más allá. En cuanto a los artistas, el teatro independiente permite contar cosas sin tener que rendirle cuentas a nadie, contar historias sin tener que ser políticamente correcto, el contrato es con el público. Te da esa libertad que en un teatro comercial tal vez no lo podés hacer. El teatro independiente es netamente cooperativo y autogestión, es poner el cuerpo. Se hace con mucha pasión. Sobre todo en las salas chicas tenés al público muy cerca y se genera algo, es mágico. Cuando se genera esa conexión con el público es como que están todos contando la misma historia o en la misma historia. Eso es lo que tiene el teatro de mágico.
Ph: Juan Bertrán.
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