
Inspirada en una experiencia real, «Las siete vidas del gato» pone en escena una noche decisiva para tres amigos y propone una mirada sobre la salud mental, el acompañamiento y la importancia de los vínculos. La obra puede verse los viernes en Páramo Cultural, en Boedo.
Hay noches que modifican el rumbo de una vida. En “Las siete vidas del gato” (viernes a las 20, Páramo Cultural – Carlos Calvo 3974, Boedo), esa transformación ocurre cuando tres amigos deben enfrentarse a una situación límite vinculada con la salud mental de uno de ellos. A partir de ese acontecimiento, la obra propone una reflexión sobre la amistad, el acompañamiento y la importancia de escuchar al otro, sin ofrecer respuestas cerradas ni héroes ejemplares.
La pieza, escrita y dirigida por Julián Giménez Zapiola e inspirada en una experiencia real que vivió junto a un amigo, transcurre en una única noche que pone a prueba los vínculos entre Maca, Mateo y Marcelo. Lo que comienza como una situación de urgencia se convierte en una oportunidad para mirar de frente aquello que muchas veces permanece oculto: el sufrimiento silencioso, las emociones que se reprimen y la dificultad para pedir ayuda.
Lejos de construir personajes idealizados, la obra se detiene en aquello que sucede cuando las respuestas no aparecen. El eje está puesto en el acompañamiento y en la amistad entendida como una presencia capaz de sostener incluso en los momentos más difíciles. En esa búsqueda, el espectáculo invita al público a reflexionar sobre una problemática que atraviesa a la sociedad desde una perspectiva profundamente humana.
Para Alexis Quartino, integrante del elenco e intérprete del personaje de Marcelo, el abordaje del tema implicó un trabajo de investigación y sensibilidad que comenzó mucho antes de los ensayos. «En primer lugar, como todo trabajo artístico, primero lo hablé con Julián: qué es lo que él quería contar como autor, y cómo se lo quería contar al público desde su dirección», explica.
Ese intercambio permitió profundizar una de las ideas centrales de la obra: muchas personas que atraviesan cuadros depresivos esconden su sufrimiento detrás de una aparente normalidad. «Ese feedback enriched la idea de enfatizar sobre cómo las personas depresivas suelen guardarse las angustias personales a familiares o amigos como si todo estuviera bien, como si nada los estuviera atormentando; una máscara ante la sociedad que resiste hasta donde puede, y cuando cae, no se desploma por ser débil, se derrumba por contener con fuerza angustias en soledad durante mucho tiempo», sostiene.
El actor remarca que la responsabilidad era aún mayor porque la historia nace de un hecho real vivido por el autor. «Las siete vidas del gato, al ser una historia inspirada en hechos reales que vivenció Julián con un amigo, tenía, y tiene, una cuota de respeto y responsabilidad que, para mí, es absoluta. No podía hacer ‘como que’; tenía que comprender el valor del vínculo, saber qué pensaba Julián en el momento preciso en el que vio a su amigo en ese estado, empatizar y no juzgar a Marcelo», afirma.
Más que reproducir una historia particular, Quartino buscó comprender el peso emocional que carga su personaje. Para explicarlo, recupera una imagen que lo acompañó durante el proceso creativo: “Las personas somos como las monedas en el piso; ante el mundo mostramos una cara, pero hay una cara boca abajo que ocultamos, y, sin embargo, es la misma moneda, tiene el mismo valor”.
La amistad aparece como el verdadero corazón de la obra. No desde la épica, sino desde los pequeños gestos cotidianos que muchas veces resultan decisivos. «Nos interesaba representar la importancia de los vínculos. En un mundo que cada vez es más individualista, queríamos volcar en escena que nadie se salva solo, hay una importancia social que hoy en día es urgente recuperar», señala Alexis Quartino.
El actor también observa cómo las formas de relacionarse cambiaron en los últimos años. «Ya no es habitual ver a chicos jugando a la pelota en la calle, lo mismo con las reuniones, son vía llamadas o por meet. Lo presencial en las nuevas generaciones, sin pantallas de por medio, es casi inexistente». Frente a ese escenario, la obra reivindica el encuentro cara a cara. «El núcleo de la obra es que, muchas veces sólo con estar y escuchar, con un mate de por medio, ayudamos al otro mucho más de lo que pensamos».
Esa idea se resume en una paradoja que, según el intérprete, atraviesa el presente: «Algo que me parece irónico en la era de la comunicación, es que lo que más escasea hoy día es la comunicación». Y agrega una reflexión que surgió durante el proceso de creación: «¿Cuántas veces habremos salvado a un amigo o amiga con una charla, y no nos dimos cuenta?».
“Las siete vidas del gato” busca abrir conversaciones que exceden el escenario. «Nos gustaría que nos replanteemos cómo vivimos hoy en día y cómo es que tantas personas llegan a esta situación límite: no nos miramos en la calle, no toleramos la diferencia, cada vez escuchamos menos, pasa de todo, todo el tiempo y no queremos perdernos de nada. El mundo así abruma y satura», expresa Alexis Quartino.
En ese sentido, considera que uno de los mayores aportes de la obra puede ser recuperar la escucha genuina. «Nos gustaría invitar al espectador a poder ir más lento y tranquilos para poder observar al otro, hablarle y preguntarle cómo está con genuinas ganas de escucharlo».
Finalmente, el actor destaca que el mensaje también interpela especialmente al público masculino. «Al interpretar a Marcelo pienso constantemente en el llamado de atención hacia el público masculino: deberíamos de abrirnos más y contar lo que nos pasa, permitirnos llorar, permitir que los sentimientos y emociones nos atraviesen, sacarnos esa coraza y hablar nuestros problemas. Al fin y al cabo, no somos máquinas, somos humanos».
Las siete vidas del gato
Duración: 60 minutos.
Día y horario: Viernes a las 20 en Páramo Cultural (Carlos Calvo 3974, Boedo). Hasta fines de agosto.
Redactor de www.tintasdeboedo.com.ar
