
La Biblioteca Argentina para Ciegos, con sede en Almagro, fue reconocida en el Salón Dorado de la Legislatura por su centenario.
Este miércoles, el Salón Dorado de la Legislatura porteña se vistió de homenaje. En una ceremonia cargada de emoción y reconocimiento, se celebró el centenario de la Biblioteca Argentina para Ciegos (BAC), ubicada en el corazón del barrio de Almagro, sobre la calle Lezica al 3900, casi esquina Medrano. El acto fue impulsado por un proyecto del legislador Juan Manuel Valdés, aprobado en agosto de este año, y tuvo como eje central poner en valor el papel fundamental que cumple esta institución en la vida de las personas ciegas y con baja visión.
“La BAC cumple un rol clave en el acceso a la información y la cultura para personas con discapacidad visual. Es una institución pionera en la región, que creció desde el compromiso y el trabajo colectivo”, destacaron desde el recinto legislativo.
Fundada el 18 de septiembre de 1924, la Biblioteca nació en un contexto en el que los materiales en braille eran prácticamente inaccesibles en el país, y muchos debían importarse desde Europa. Con una impronta local y comunitaria, un grupo de personas con y sin discapacidad visual, entre ellos Julián Baquero, Agustín C. Rebuffo y María C. Marchi, se propuso revertir esa realidad.
Desde entonces, la BAC se consolidó como una referencia regional. En 1927 inauguró la primera imprenta braille de América Latina y publicó Hacia la Luz, la primera revista del continente en este formato. Ese mismo año también se fortaleció el cuerpo de copistas voluntarias, en su mayoría mujeres, que transcribían a mano los textos de tinta al sistema braille.
Con el tiempo, la institución creció en infraestructura, actividades y reconocimiento. Actualmente, es la organización de personas con discapacidad visual más antigua de la región y forma parte de importantes redes como la CONABIP, la FAICA y la Unión Latinoamericana de Ciegos.
La BAC cuenta con una amplia biblioteca de libros en braille y en formato de audio que se distribuyen gratuitamente a usuarios de todo el país y de países limítrofes. Su imprenta produce desde libros hasta menús accesibles para restaurantes, pasando por facturas de servicios, folletos turísticos y señalética en braille y aluminio. Además, posee una tienda de elementos cotidianos adaptados, juegos inclusivos y materiales didácticos, sumado a un salón de lectura con capacidad para 60 personas, donde se desarrollan actividades culturales y recreativas.
La biblioteca también brinda talleres de lectura, computación accesible, yoga, teatro y tejido, y trabaja en asesoramiento técnico para instituciones que deseen mejorar la accesibilidad. En los últimos años, en conjunto con Copidis y con el respaldo del Gobierno de la Ciudad, ha desarrollado proyectos para remover barreras en el turismo y la recreación, incluyendo recorridos accesibles por barrios porteños y la reproducción en 3D de monumentos.
En 2014, el edificio de la BAC fue declarado Patrimonio Urbano por la Legislatura a través de la Ley 4925, que protege construcciones anteriores a 1941. Ese reconocimiento no fue solo simbólico: reforzó el valor arquitectónico, histórico y social de un espacio que durante un siglo abrió puertas al conocimiento y la integración.
«Declarar el beneplácito por los 100 años de esta biblioteca es más que reconocer una trayectoria: es sostener un compromiso colectivo con la igualdad de oportunidades», expresó Valdés durante el acto.
El centenario de la Biblioteca Argentina para Ciegos no es sólo una celebración institucional. Es también una invitación a pensar qué ciudad queremos construir: una más accesible, inclusiva y sensible a las diversas formas de habitar el espacio y la cultura.
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