
La Ciudad atrae cada vez más rodajes que generan empleo, inversión y proyección internacional.
Hay ciudades que funcionan como escenario. Y hay otras que, además, parecen actuar. Buenos Aires pertenece a esa categoría. Su combinación de arquitectura histórica y contemporánea, espacios públicos emblemáticos, diversidad de paisajes urbanos y una identidad cultural reconocible la convierten en una de las locaciones audiovisuales más atractivas de América Latina.
Cada año, productoras nacionales e internacionales eligen la Ciudad para filmar películas, series, publicidades, videoclips y contenidos para plataformas digitales. La capacidad de transformar una misma calle en escenarios muy distintos, sumada a una infraestructura consolidada para la producción audiovisual, hace que Buenos Aires mantenga un lugar destacado en la industria.
La magnitud de la actividad quedó reflejada durante el último fin de semana largo, cuando se realizaron rodajes en casi 60 locaciones porteñas. Entre ellos se destacó la filmación de escenas de El Enemigo Interior, el nuevo thriller dirigido por Santiago Mitre y protagonizado por Peter Lanzani, que tuvo como escenario distintos puntos del centro porteño. A pocas cuadras también se desarrollaban producciones publicitarias y audiovisuales de diversa escala, mostrando la intensa actividad que caracteriza al sector.
Una industria que genera empleo e inversión Más allá del impacto cultural, la producción audiovisual representa una actividad económica relevante para la Ciudad. Cada rodaje moviliza equipos técnicos, actores, personal de producción, proveedores de servicios, transporte, gastronomía, hotelería y numerosos rubros asociados.
Con el objetivo de atraer proyectos internacionales, la Ciudad impulsa el programa BA Producciones Internacionales, una iniciativa que reintegra parte de los gastos realizados por producciones con financiamiento extranjero que filmen en Buenos Aires. El programa contempla un reintegro del 25% de los gastos elegibles para proyectos que cumplan determinados requisitos de inversión y jornadas de rodaje.
Los resultados muestran el impacto de esta política: por cada peso invertido por la Ciudad se generaron 17 pesos de inversión privada. Entre las producciones que participaron de esta iniciativa se encuentran películas como Parque Lezama y La casaca de Dios, además de las temporadas 3 y 4 de la serie Envidiosa.
Locaciones que se convierten en atractivos turísticos Las producciones audiovisuales también funcionan como una ventana para mostrar la Ciudad al mundo. Muchas locaciones adquieren una nueva visibilidad después de aparecer en una serie o película exitosa, despertando el interés de turistas y vecinos.
Un ejemplo es Nada, protagonizada por Luis Brandoni y Robert De Niro, que recorrió distintos rincones porteños y contribuyó a difundir la identidad gastronómica y cultural de Buenos Aires. Algo similar ocurre con El Encargado, cuya historia volvió reconocible para miles de espectadores al edificio de estilo brutalista ubicado en Arribeños al 1600.
Otro caso destacado es El Eternauta, una de las producciones argentinas de mayor repercusión internacional de los últimos años. La serie muestra una Buenos Aires transformada por una catástrofe, donde escenarios cotidianos como el Puente Saavedra y distintos sectores de Núñez y Belgrano adquieren una dimensión completamente nueva.
Por su parte, Envidiosa exhibe algunos de los espacios más emblemáticos de la Ciudad, entre ellos el Planetario Galileo Galilei y el Pasaje Rivarola, una de las calles más fotografiadas y utilizadas por las producciones audiovisuales.
La Ciudad como protagonista El cine argentino también encontró en Buenos Aires una aliada narrativa. Algunas locaciones quedaron asociadas para siempre a determinadas películas: el Edificio Kavanagh en Nueve reinas, el Palacio de Tribunales en Argentina, 1985 o el Parque Lezama en la película homónima son ejemplos de espacios que aportan significado a las historias que cuentan.
Los tradicionales cafés y bares porteños también forman parte de ese patrimonio audiovisual. La histórica Confitería La Ideal apareció en Evita, dirigida por Alan Parker y protagonizada por Madonna. El mítico Bar Sur fue una de las locaciones elegidas por el director hongkonés Wong Kar-wai para Happy Together, mientras que el Bar Británico apareció en Tetro, de Francis Ford Coppola.
Pero la Ciudad no solo ofrece elegancia y patrimonio histórico. También permite construir relatos más duros y realistas. La ex cárcel de Caseros se convirtió en una pieza central de la identidad visual de El Marginal, mientras que la estación Constitución fue utilizada por el director Roland Joffé en There Be Dragons gracias a su escala monumental y su intensa dinámica urbana.
La historiadora e investigadora Clara Kriger, especializada en cine y urbanismo, sostiene que “el espacio nunca es neutro: siempre cuenta algo sobre los personajes”. Su reflexión ayuda a entender por qué Buenos Aires resulta tan atractiva para realizadores de distintos países. Las locaciones no funcionan únicamente como decorados: aportan información, construyen atmósferas y ayudan a definir el tono de cada historia.
Esa combinación de patrimonio arquitectónico, diversidad de escenarios, infraestructura profesional y una identidad urbana reconocible explica por qué Buenos Aires continúa siendo una de las ciudades más elegidas para filmar y una de las grandes protagonistas del mapa audiovisual de la región.
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