sábado, abril 25

Dengue en calma, pero no ausente

Aunque hoy casi no hablemos del tema, el dengue sigue circulando. ¿Cómo podemos prevenir nuevos brotes?

Aedes aegypti, dengue, epidemia… Son términos que este verano prácticamente no aparecen en nuestras conversaciones ni en los medios. Y es cierto: los casos están muy por debajo de los registrados en el verano 2024-2025, que fue récord tanto en contagios como en fallecimientos. Pero una baja en los casos no significa que el virus haya desaparecido del país, ni que los mosquitos no estén presentes.

De hecho, la cantidad de mosquitos este verano es similar a la del año pasado. Las condiciones climáticas —lluvias frecuentes y bien distribuidas, sumadas a las altas temperaturas— favorecieron su desarrollo. “Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue, zika y chikungunya, se encuentra presente, y, de hecho, estamos aún en el pico de abundancia de la población de adultos”, explica la Dra. Nora Burroni, bióloga especializada en ecología de mosquitos e investigadora del CONICET.

En cuanto al virus, su circulación en Argentina es baja y coincide con la situación regional, según el reporte epidemiológico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La mayoría de los casos detectados este verano son importados: personas que viajaron a zonas donde el dengue es endémico. Aun así, no es momento de confiarse: la situación puede cambiar rápidamente y los picos de contagios suelen darse entre marzo y abril.

En este contexto, la prevención empieza en casa. “Este mosquito se cría prácticamente en el 99% de los casos en nuestras casas (tanto en el interior como en el exterior), por lo que es esencial nuestro accionar para eliminar los criaderos y controlar su población”, señala Burroni. Cualquier recipiente que acumule agua puede convertirse en un criadero: floreros, portamacetas, macetas mal drenadas, baldes, botellas destapadas, canaletas o rejillas. “Las hembras de Aedes aegypti ponen sus huevos en las paredes internas de recipientes que tienen o han tenido agua estancada, necesitan de las superficies sólidas para depositarlos pues los adhieren a estas”, agrega.

¿Qué podemos hacer? La medida más efectiva es el descacharrado. Implica eliminar objetos que acumulen agua, dar vuelta baldes, tapar botellas, cambiar con frecuencia el agua de floreros y bebederos de mascotas, y cepillar las paredes internas de esos recipientes, donde quedan adheridos los huevos. Este punto es clave: los huevos resisten la sequía y, al volver a humedecerse, se activan y en pocos días emergen nuevos mosquitos adultos.

También es importante colocar mosquiteros en puertas y ventanas, y usar repelente al realizar actividades al aire libre. La hembra del mosquito necesita alimentarse de sangre para poner huevos, por lo que evitar las picaduras es parte de la prevención.

El descacharrado no es solo para el verano. Durante el invierno también conviene hacerlo para eliminar huevos remanentes del final de la temporada y evitar que haya criaderos disponibles cuando la actividad del mosquito retoma en octubre y noviembre.

La responsabilidad es compartida: mantener baja la población de mosquitos es la forma más efectiva de cortar la transmisión del dengue, el zika y la chikungunya.

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