sábado, enero 31

El nivel de indigencia en CABA alcanza su punto más alto

Más del 15% no cubre sus necesidades alimentarias.

La situación social en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires muestra signos de un deterioro alarmante. Según los últimos datos publicados por la Dirección General de Estadísticas y Censos porteña, el nivel de indigencia alcanzó el 15,3% de la población durante el primer trimestre del año, la cifra más alta registrada desde que se inició la serie en 2015. Esto significa que unas 471.000 personas no tienen ingresos suficientes ni siquiera para cubrir una canasta básica alimentaria.

Los datos marcan un fuerte contraste con el mismo período de 2023, cuando la indigencia se ubicaba en el 8,4%. Este salto de casi siete puntos porcentuales en apenas un año duplica la incidencia y refleja la creciente dificultad de los sectores más vulnerables para sostener condiciones mínimas de subsistencia.

La pobreza también crece

Además del preocupante avance de la indigencia, el informe señala que el 35,1% de los habitantes de la Ciudad (alrededor de 1.083.000 personas) se encuentra por debajo de la línea de pobreza, es decir, sin ingresos suficientes para costear los gastos totales de subsistencia que incluyen alimentación, vivienda, transporte y servicios básicos. En términos de hogares, esto implica que el 30,4% (unas 411.000 viviendas) están en situación de pobreza.

Comparado con el primer trimestre del año pasado, se sumaron 198.000 hogares y 410.000 personas al universo de la pobreza en CABA.

Ingresos que no alcanzan

El organismo porteño atribuye el deterioro social a un rezago de los ingresos en relación con la inflación. “Los aumentos en los ingresos laborales quedan por debajo de la suba de los precios, pero quedan especialmente rezagados los ingresos no laborales, como las jubilaciones y pensiones”, señala el informe oficial.

La expansión de ingresos, entonces, no ha sido suficiente para contener la pérdida del poder adquisitivo de amplios sectores. Como consecuencia, los niveles de pobreza e indigencia escalaron a sus máximos históricos para un primer trimestre desde 2015, lo que marca una ruptura significativa con las condiciones que la Ciudad mostraba incluso en años de crisis previas.

Se achica la clase media

Otro de los datos más relevantes del informe es el achicamiento de la clase media porteña, históricamente una de las más amplias del país. En apenas un año, el sector medio pasó de representar el 49,2% al 37,4% de la población, una caída de 11,8 puntos porcentuales. Es la proporción más baja desde que existen registros.

Asimismo, el segmento de “sector acomodado” —es decir, los de mayores ingresos— también se redujo, del 8,2% al 5,3%. Mientras tanto, el estrato de “no pobres vulnerables” tuvo un leve aumento, del 10,1% al 11,3%, lo que refleja un crecimiento de los sectores que, si bien no son pobres, se encuentran al borde de serlo.

Desempleo bajo, pobreza alta

Paradójicamente, los niveles de empleo en CABA continúan siendo superiores al promedio nacional. Según el informe del INDEC correspondiente al primer trimestre de 2024, la Ciudad registró una tasa de empleo del 50,9% y una tasa de desocupación del 5,3%, contra un 44,3% y 7,7% a nivel nacional, respectivamente.

Sin embargo, tener trabajo ya no garantiza escapar de la pobreza. Muchos trabajadores y trabajadoras —aún con empleo formal o informal— no perciben ingresos suficientes para costear sus gastos básicos. Esto pone en evidencia un fenómeno creciente: el de los “trabajadores pobres”, que empleados y con actividad, no logran salir de la pobreza ni evitar caer en la indigencia.

Una década en retroceso

Si se compara con años anteriores, el panorama actual resulta desolador. En 2017 y 2018, los niveles de indigencia en la Ciudad rondaban apenas el 4%, y la pobreza se mantenía por debajo del 20%. Hoy, con más del 35% de la población por debajo de la línea de pobreza y más del 15% en situación de indigencia, la Ciudad más rica del país enfrenta una crisis de exclusión que atraviesa todos los sectores sociales.

Más allá de los indicadores macroeconómicos o del crecimiento del empleo, el deterioro de las condiciones de vida es evidente, con un impacto que golpea con especial crudeza a los jubilados, pensionados y trabajadores informales. La recomposición del poder adquisitivo y una política pública activa para garantizar el acceso a lo básico aparecen como desafíos urgentes para revertir una tendencia que amenaza con profundizar aún más la desigualdad urbana.

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