
En la Semana Santa, el espacio de La Madriguera cerró su sede pero mantiene su proyecto. Emilio Zakim, presidente de este colectivo cultural de Boedo, nos cuenta sobre la despedida que organizaron y los proyectos a futuro.
El viernes 2 y sábado 3 de abril, desde el espacio cultural La Madriguera realizaron la despedida de su sede. En un contexto emotivo y festivo a la vez, llevaron a cabo un “cambalache madriguero y cultural”, con entregas de libros, venta de garaje y artistas en vivo.
De esta manera, concluyeron su ciclo en la sede de Av. Boedo 965 pero mantienen el esfuerzo y los proyectos vivos, con propuestas culturales a distancia y las ollas populares para ayudar con los que lo necesiten en medio de la pandemia.
“Nosotros veníamos de todo el verano arrastrando la negociación para intentar renovar el contrato con el dueño de la casa de Av. Boedo 965, donde teníamos la sede de La Madriguera”, explicó Emilio Zakim, presidente de La Madriguera en conversación telefónica con este medio digital.
La pandemia fue y es un desafío muy grande para los espacios culturales, ya que “no es solamente el alquiler sino todo lo que arrastran los servicios, el pago de salarios o el pago de arreglos”, expresó.
Dada la situación económica y el contexto sanitario, decidieron desde el colectivo no renovar el contrato de alquiler y seguir trabajando de manera itinerante. Al mismo tiempo, recibieron la buena noticia de que la Inspección General de Justicia (IGJ) los declaró como Asociación Civil sin fines de lucro. “Nos permite un marco institucional, un marco de contención para seguir trabajando el proyecto de La Madriguera por fuera de una sede en particular en este momento”, señaló Zakim a TdB.
Por otro lado, el presidente de La Madriguera comentó respecto a la despedida que “el proyecto de La Madriguera es mucho más que paredes y techo. Estuvo a la vista en el cambalache cultural que armamos con una cantidad importante de libros que teníamos de distintas bibliotecas que recibimos y las sacamos a la calle con un stand. Pusimos algunas cosas a modo de cambalache porteño bien tanguero. La respuesta de la gente fue muy linda, superior a lo que esperábamos. Es una barriada que acompañó muchísimo a los emprendimientos culturales y comunitarios”.
Con shows y feria, los vecinos y vecinas de la comuna pudieron acercarse a disfrutar de dos tardes de puro entretenimiento y recreación que apelaron a las raíces culturales del barrio. Con distanciamiento social y todos los cuidados, la calle fue el lugar elegido para la despedida.
A su vez, Zakim remarcó que “como todo cierre es un inicio. Lo que se viene es trabajar de manera itinerante, tanto virtual como al aire libre cuando se pueda. Y seguir adelante con nuestra parte comunitaria con la olla solidaria, con el proyecto de acercar distintas expresiones culturales a la gente que no tiene acceso o que está pasándola mal. Todo apunta a que vamos a esperar a que se calme esta segunda ola y después iremos por una sede para seguir con todo lo planificado originalmente” y agregó que “cumplimos un rol fundamental en lo social y colectivo que es el esparcimiento, el derecho a un producto cultural, al entretenimiento mismo, que hace a la salud mental, social y colectiva más en un momento como este”.
Por último, consideró que “esta crisis puede servir para visibilizarla situación de la cultura e ir pensando formas para que en la nueva normalidad no sea todo tan desigual e injusto y que mucha gente no tenga que elegir entre dedicarse a un proyecto artístico o buscar recursos por otro lado para vivir. Me parece que es una ciudad con una inmensa oferta cultural” y se esperanzó en que “la nueva normalidad sea de otro modo y que la cultura y los trabajadores de la cultura tengamos otras reglas de juegos, más equitativas, donde se pueda repartir mejor todo esto que se genera. Hay que hacer algo para que no se sigan cerrando los espacios culturales por el enorme riesgo de que no puedan volver a abrir”.
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