
La crisis institucional de San Lorenzo sumó este lunes un nuevo capítulo.
Marcelo Moretti, restituido en la presidencia del club por decisión judicial, debió abandonar la sede social de avenida La Plata bajo custodia policial. En medio de insultos y protestas de hinchas que exigían su renuncia y la normalización inmediata de la vida institucional azulgrana.
El episodio ocurrió en la tarde del lunes, cuando Moretti se presentó en las oficinas administrativas del club, en Boedo (Comuna 5), luego de haber recuperado la posibilidad de ocupar nuevamente su cargo tras una resolución de la Cámara Civil. La medida había hecho lugar a una cautelar presentada por su defensa, al considerar que “la presunta acefalía del club fue irregular” y que la destitución carecía de validez formal.
Sin embargo, su regreso estuvo lejos de ser pacífico. Un grupo numeroso de socios y simpatizantes, que se había concentrado en la puerta de la sede desde temprano, lo recibió con abucheos, cánticos en su contra y reclamos por transparencia. La tensión creció rápidamente y, ante la imposibilidad de garantizar su seguridad, efectivos de la Policía de la Ciudad intervinieron para escoltarlo hasta una camioneta oficial en la que finalmente se retiró del lugar.
Según fuentes cercanas a la dirigencia, Moretti tiene previsto presentarse este martes por la mañana en el entrenamiento del plantel profesional, en el estadio Pedro Bidegain del Bajo Flores. Será su primera aparición pública en un ámbito deportivo desde que recuperó formalmente la presidencia, y se espera que intente retomar el diálogo con el cuerpo técnico y los jugadores, en un contexto de alta conflictividad institucional y deportiva.
La vuelta de Moretti a la conducción de San Lorenzo se produjo pocos días después de que la Mesa Directiva de la Asamblea de Representantes decidiera dar por concluidas sus propias funciones y restituir el mando a la Comisión Directiva electa. Esa decisión también implicó la suspensión de la Asamblea Extraordinaria que estaba convocada para este lunes, en la que se iban a definir los pasos a seguir tras la acefalía y los enfrentamientos políticos dentro del club.
El dirigente, que había sido electo a fines de 2023, enfrenta una fuerte crisis de legitimidad desde que se difundió un video en el que se lo ve presuntamente aceptando una coima por parte de la madre de un jugador de las divisiones inferiores. El material, cuya autenticidad está siendo investigada, generó un escándalo interno y derivó en la ruptura del oficialismo y la intervención temporal de la Asamblea, que declaró la acefalía en julio pasado.
Desde entonces, San Lorenzo vive semanas de máxima tensión: denuncias cruzadas, versiones sobre renuncias masivas, reclamos de los socios y una sensación generalizada de descontrol institucional. En redes sociales, distintos grupos de hinchas convocaron en los últimos días a movilizarse frente a la sede social bajo la consigna “San Lorenzo no tiene dueño”, reclamando elecciones anticipadas y mayor transparencia en la gestión económica.
El presente deportivo del club tampoco ayuda. Con un plantel golpeado por los malos resultados y sin un rumbo claro en el torneo local, la incertidumbre dirigencial se refleja en la cancha. La eventual presencia de Moretti en el entrenamiento de este martes promete ser otro foco de conflicto: varios referentes del plantel ya habrían expresado su malestar por el clima interno y por la falta de claridad en las decisiones de la conducción.
Mientras tanto, distintas agrupaciones políticas internas preparan estrategias para impulsar una convocatoria a elecciones y exigir una auditoría integral. Desde la oposición remarcan que la intervención judicial no resuelve el problema de fondo: “San Lorenzo necesita recuperar la credibilidad y el respeto de su gente. Ningún fallo puede borrar los hechos que llevaron a esta crisis”, señalaron en un comunicado difundido anoche.
La imagen del presidente saliendo escoltado por una camioneta policial de la histórica sede de Boedo sintetiza la gravedad del momento. En el club de los “Cuervos”, la pelota parece haberse detenido hace tiempo, y lo que hoy se disputa —más allá de la cancha— es el futuro institucional de una de las entidades más emblemáticas del fútbol argentino.
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