
Con homenajes, recitales y figuras internacionales, la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires confirmó el peso cultural de un evento que sigue convocando multitudes alrededor de los libros.
Las filas para conseguir una firma comenzaban temprano y muchas veces terminaban varias horas después. En los pabellones, lectores cargados de bolsas recorrían stands, se detenían frente a novedades editoriales o buscaban una sala donde escuchar a sus autores favoritos. Durante 19 días, la Feria Internacional del Libro volvió a transformar el predio de La Rural en uno de los centros culturales más concurridos de la ciudad.
La edición número 50 cerró con cifras récord: más de 1.340.000 visitantes pasaron por los 50 mil metros cuadrados de exposición, lo que representó un crecimiento del 8% respecto al año pasado. La magnitud del evento también se reflejó en la presencia de 480 expositores, 380 stands y más de 1500 sellos editoriales.
Pero esta vez no se trató solo de números. La celebración de las cinco décadas de la Feria tuvo un tono especial, atravesado por la memoria y por nuevas formas de acercarse a la lectura. Uno de los espacios más visitados fue el Pabellón 8, pensado como un recorrido histórico y sensorial sobre la historia de la Feria y su vínculo con la cultura argentina. Allí convivieron muestras, archivos y experiencias inmersivas que repasaron distintas épocas del evento.
Otro de los homenajes centrales estuvo dedicado a Jorge Luis Borges, a 40 años de su muerte. La propuesta incluyó un laberinto interactivo y la muestra “Borges Nacional y Universal”, que invitó a recorrer la obra y el universo del escritor desde distintos formatos.
La programación también buscó ampliar el perfil tradicional de la Feria. Por primera vez, la llamada “Pista Central”, una carpa de 1800 metros cuadrados montada dentro del predio, reunió recitales, festivales y actividades en vivo. Allí se realizaron eventos como la Noche de La Mega, el Festival Futurock y distintos espectáculos musicales que sumaron un clima distinto al habitual recorrido entre libros.
La apertura oficial marcó además un hecho inédito: el acto inaugural estuvo encabezado por tres escritoras argentinas contemporáneas. Leila Guerriero, Gabriela Cabezón Cámara y Selva Almada participaron del diálogo de apertura, en una decisión que buscó destacar la diversidad de voces dentro de la literatura actual.
La dimensión internacional volvió a ocupar un lugar importante. Perú fue el País Invitado de Honor y contó con un espacio de 500 metros cuadrados que incluyó librería, zona infantil y auditorio propio. Además, participaron delegaciones de 14 países y dos colectividades.
Entre las figuras más convocantes estuvieron dos premios Nobel de Literatura: J. M. Coetzee y Mo Yan. Sus actividades compartieron protagonismo con presentaciones de autores y personalidades como Arturo Pérez-Reverte, Felipe Pigna, Gabriel Rolón, Claudia Piñeiro, Eduardo Sacheri y María O’Donnell.
Además, la Feria mantuvo su dimensión profesional y educativa. Más de 13 mil trabajadores del mundo editorial participaron de las Jornadas Profesionales, entre ellos libreros, traductores, ilustradores y distribuidores. Según la organización, la participación creció más de un 20% respecto de 2025.
La agenda cultural fue otra de las grandes protagonistas: hubo más de 700 actividades en salas y cientos de propuestas organizadas en stands y espacios especiales. Debates, entrevistas públicas, narraciones orales, talleres y encuentros temáticos formaron parte de una programación que buscó llegar a públicos de distintas edades e intereses.
Con el cierre de esta edición histórica, la Fundación El Libro ya confirmó las fechas de la próxima convocatoria. La 51° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se realizará entre el 29 de abril y el 17 de mayo de 2027 en La Rural, y tendrá a España como País Invitado de Honor.
Foto: Feria del Libro.
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Redactor de www.tintasdeboedo.com.ar
