sábado, septiembre 25

Adiós a Horacio González: su legado quedará para siempre en Boedo

Vivía desde hacía 9 años junto a su mujer Liliana Herrero en una casa de nuestro barrio y esperó largos meses en cuarentena hasta su primera dosis contra el coronavirus, que llegó en el mes de marzo.  “La vacuna es casi un talismán, pero también una mercancía del capitalismo. Es necesaria una fabricación y distribución más igualitaria. Pero en un momento de la humanidad en el que recibe la demanda de un mensaje igualitarista, hay razones en la forma política y económica en la que vivimos, que impide ejercer tal demanda”, había dicho momentos antes de recibir la vacuna.

Había recuperado el ritmo de la lectura y la escritura e incluso Juan Sasturain, actual director de la Biblioteca Nacional, le había encomendado producir nuevos materiales y rescatar textos olvidados, pero todo ello quedó paralizado la noche del 19 de mayo, cuando fue trasladado al Sanatorio Güemes tras dar positivo de Covid-19.

De allí en mas la batalla fue muy dura, hasta ayer que se conoció esta triste noticia. “Hoy Horacio González está más frágil: tuvieron que volver a colocarle el respirador y está sedado”, había escrito en Facebook el 11 de junio último su pareja, la intérprete Liliana Herrero.

Entre los muchos mensajes que circularon por las redes sociales, destacamos este de la Red de Cultura Boedo, que posteó: “La Comisión por la Memoria de la Red de Cultura de Boedo siente el temprano fallecimiento del compañero Horacio González, vecino del barrio de Boedo y baluarte en la resistencia contra las sucesivas dictaduras en la Argentina. Estará presente en nuestra memoria como un intelectual consciente de su rol, generador de debate, productor de pensamiento, polémico, sobresaliente y agudo. Abrazamos a su compañera Liliana y familia. Hasta siempre, compañero”.

Desde la política barrial de la Comuna N° 5, la agrupación La Cámpora de Boedo dijo: “Recordamos a Horacio González en una charla en la UB en el 2018, a la que el aceptó venir con muy buena predisposición. Vecino de Boedo, Horacio fue un grande de verdad al que despedimos con mucha tristeza. ¡Hasta la victoria  siempre compañero!”.

El legado que quedará para siempre en Boedo

Horacio Luis González fue autor de una inmensa obra ensayística reconocida ampliamente en el mundo académico, en la que plasmó sus análisis y reflexiones sobre política, cultura, literatura e identidad argentina con cruces inesperados entre figuras y conversaciones de distintos tiempos, y a la que tardíamente incorporó el género de la ficción con la novela “Besar a la muerta”.

Ya en sus primeros libros de la década del 90 y antes de convertirse en uno de los intelectuales más agudos de la Argentina, Horacio González empezó a consolidar una obra donde explora muchas de sus preocupaciones y las zonas donde transitan algunas de sus preguntas: “La ética picaresca» de 1992, “El filósofo cesante” de 1995, “Las multitudes argentinas” de 1996 y ese mismo año publica “Arlt: política y locura” de 1996, donde el autor de “Los siete locos” es un digno pretexto para probar los confines de la crítica, el límite entre sus posibles descubrimientos y sus “rechinantes naufragios”.

Uno de sus libros más lúcidos y celebrados por la crítica se publicó en 1999 con el título “Restos pampeanos – Ciencia, ensayo y política en la cultura argentina del siglo XX”, de 1999, en el cual el autor señala que “simple y verdadero sería comenzar este libro con la indicación de que llamamos pampa a un conjunto de escritos argentinos, que son escritos sobrevivientes pero eclipsados o abandonados. De ahí también la cómoda idea de restos. Porque son escritos guarecidos dificultosamente de la desidia. Escritos que fueron elaborados, leídos y en su mayor parte olvidados, a lo largo de este siglo que finaliza”.

En ese libro evoca a las figuras de Ramos Mejía, Vicente Fidel López, José Ingenieros, Ameghino, Carlos Astrada, los épicos Martínez Estrada y Leopoldo Lugones, los solitarios Arlt, Macedonio, el batallador Scalabrini Ortiz, hasta concluir en la segunda mitad del siglo con Borges y Perón, Cooke y Trotski, Halperín Donghi, Arturo Jauretche, Hernández Arregui, Santucho y Gombrowicz, Masotta, Walsh, hasta Roberto Galasso, León Rozitchner y un Viñas señalado como último proyecto de la retórica pampeana.

Casi dos décadas después el texto “La Argentina manuscrita – Cautivas, malones e intelectuales”, publicado en 2018, podría pensarse como una obra que dialoga con “Restos pampeanos”.

En 2002, reúne en “Retórica y locura” cinco conferencias sobre “temas argentinos» pronunciadas por González en la Universidad de París VIII y en Sa Paulo: “El prologuista francés y la locura de los símbolos: el `incidente` Ramos Mejía”, “Pierre Leroux y Esteban Echeverría: epigonismo y autonomía en los documentos de ideas argentinos”, “Metafísica, ironía y `lectura loca` en Macedonio Fernández”, “Existencia y simulación: de José Ingenieros a Jean-Paul Sartre” y “La idea de muerte en la Argentina” donde concluye: “Apenas me gustaría agregar que la idea de muerte yace también en ese lector inherente al texto, que lo ha escrito y que también lo niega con su latido de miedo o de muerte. De ahí la visión de la liberación en un lector sin miedo, instancia a ser conquistada y que ronda nuestras vidas”.

En 2004 publica “Filosofía de la conspiración. Marxistas, peronistas y carbonarios” y en 2008 “Paul Groussac: La lengua emigrada” de 2007. Este mismo año entre varios libros sobre peronismo lanza: “Perón: reflejos de una vida” y “El peronismo fuera de las fuentes”, en el cual considera la historia del peronismo posterior al fin de la última dictadura militar y construye la semblanza de algunos de los protagonistas decisivos de esa historia y termina considerando la difícil relación del peronismo actual con los símbolos antiguos.

Sus reflexiones sobre identidades políticas también lo lleva a abordar el kirchnerismo en títulos como “Kirchnerismo, una controversia cultural”, publicado en 2011.

En 2009 escribe “El arte de viajar en taxi. Aguafuertes pasajeras” y al año siguiente “Historia de la Biblioteca Nacional”, de la cual fue su director entre 2005 y 2015. En 2012 “Lengua del ultraje, de la generación del 37 a David Viñas”, mientras que “Historia conjetural del periodismo – Leyendo el diario de ayer” es del año 2013 y es uno de los varios libros en los que aborda como objeto de estudio el periodismo. En colaboración tiene varios libros de sociología y trabajos sobre política. Además realiza varias compilaciones entre ellas la “Historia crítica de la sociología argentina. Los raros, los clásicos, los científicos, los discrepantes”.

El género de la ficción llega un poco más tarde a la obra de González, en el año 2014. Bajo el título “Besar a la muerta”, en su primera novela despliega saberes y discursos en clave de criollismo paródico, sin dejar de reflexionar sobre el estatuto del acto de habla. “Cada vez que me sentí dentro de una novela, bajé de un hondazo al novelista y subí en catapulta al ensayista. Estas módicas violencias que pueden arruinar un escrito, son el juego al que me entregué, de una forma mordaz”, dijo González.

Un año después sale “Redacciones cautivas”, novela en la que condensa muchos aspectos de la vida social, cultural y política argentina para configurar un relato que aborda los fracasos revolucionarios, el tema de la conversión ideológica y el rol de la prensa en la última dictadura militar, tomando como idea la memoria como ficción. Y en 2020 agrega a su corpus literario “Tomar las armas”, donde ofrece una aguda reflexión sobre las organizaciones políticas de las décadas del 60 y del 70 en la Argentina.

Un año antes, en 2019, retoma una de sus pasiones literarias en el plano del ensayo cuando publica el libro “Borges. Los pueblos bárbaros” donde trata de explicar cómo el autor de “El Aleph” pasó de ser un joven vanguardista a convertirse en un acontecimiento fundacional de la literatura argentina. Este libro retoma antiguas discusiones indagando menos en el ya frecuentado centro que en los aspectos laterales de una obra inconmensurable.

Ph: Alejandro Santa Cruz/Télam/AA