viernes, julio 30

“Ahora veo que nada está perdido”

En los limites del barrio de Boedo está en marcha un proyecto que busca incluir en un trabajo concreto a las personas en situación de calle y vulnerabilidad y asimismo contribuir a una mayor conciencia en torno al cuidado del ambiente en que vivimos.

Llevan más 5 años en esta tarea desde el Sistema Ecológico de Reciclado (SER) y la base operativa se encuentra en Coronel Martiniano Chilavert 1.136, a metros de Cobo y Avenida La Plata.

En este espacio de trabajo reciben donaciones y reciclan materiales para producir eco-bolsas, saleros, especieros, máscaras faciales y alfombras sanitizantes que posteriormente salen a la venta. Los martes y jueves de 10 a 16 horas son los días en que abren las puertas para recibir las donaciones de vecinos y vecinas, empresas e instituciones.

Los materiales que reciben, entre otros, son: botellas de vidrio de salsa de tomate; papel blanco usado de un solo lado; envases de shampoo de más de 400 ml.; latas de atún. frascos de vidrio de mermelada; tapas de plástico; sachets, diskettes y corchos.

TdB conversó con Mauro Santoro en un ida y vuelta entre la inclusión social y la ecología.

Tintas de Boedo: ¿Cómo surgió el proyecto del SER?

Mauro Santoro: Esto empezó hace más de cinco años. La idea surgió de las ganas de ayudar a los demás. Es un proyecto que busca reciclar las cosas en desuso y transformarlas en productos nuevos para vender. Decidí convocar a gente en situación de calle para que participen. Ellos vienen al taller, reciclamos, se les paga por la producción y después por la venta. Del producto final se están llevando casi el 80 por ciento. Ahora estamos trabajando en un espacio que nos cede la Gráfica Cooperativa Chilavert.

TdB: ¿Qué es lo que hacen con las donaciones?

MS: Tenemos alrededor de diez productos pero nuestro caballito de batalla son las eco-bolsas que hacemos a través de las láminas de los afiches de lotería, las que dicen cuánto va a haber de premio. Las agencias de lotería descartan esas láminas más o menos cada dos semanas. De un lado están impresas y del otro lado son blancas. Nosotros les hacemos unos pliegues, las pegamos, les ponemos unas manijas y las vendemos como bolsas de regalo. Muchos emprendedores nos compran y a veces salimos a vender por la calle. Después, también hacemos botellas, saleros, especieros, máscaras. A todo le damos una vuelta creativa y lo salimos a vender en vía pública, por redes sociales y en Mercado Libre.

TdB: ¿De dónde nació tu interés y las ganas de armar este proyecto?

MS: Fue un proceso lento. Cuando era boy scout estaba tomando una gaseosa, la tiré por la ventana del colectivo y me dice un amigo “estás contaminando”. Ahí surgió la curiosidad, empecé a indagar y vi todo lo que estaba pasando con el plástico y la inconsciencia que había con el consumismo irresponsable. Desde ahí pasó el tiempo y me hice ecologista. Lo de la inclusión social fue más por mi formación profesional. Soy acompañante terapéutico, trabajo con nenes con autismo y también trabajo en un parador con gente en situación de calle. Ahí ves que nada está perdido, que todo sirve, que mucha gente a veces discrimina y piensa que la persona que está en esa situación ya no sirve para nada. Encontré como un paralelismo, si bien unas son cosas y lo otro son personas, pero existe una similitud muy fuerte con el tema del reciclado y el tema de reinventarse. Cuando uno piensa que está en la calle y que no sirve para nada, uno con un poco de creatividad le puede encender esa chispa a esa persona para que se motive y salga adelante. Así fue el caso de diez personas que pasaron por acá.

TdB: ¿Ves que hay una mayor conciencia sobre el cuidado del medio ambiente?

MS: Hay conciencia pero estamos lejos de los hábitos que tenemos que tener para que todo mejore, como empezar a separar en casa, consumir menos plástico. Nosotros hacíamos ferias en Parque Chacabuco y ahí se prendía mucho la gente. Necesitamos ya hacer un cambio de mentalidad pero estamos lejos todavía.

TdB: ¿Cómo ves que se trata a las personas en situación de calle?

MS: El estigma en la calle está. La gente se cruza de vereda. Hay mucha gente que los trata mal. Nos falta aprender bastante. Uno no sabe por lo que pasó esa persona. En el parador he tenido relatos de vida muy crudos, de problemas familiares. Hay personas que están desde muy chicas en la calle. Uno lo primero que hace es juzgarlos cuando la verdad no sabe lo que han sufrido. De las personas que vinieron acá, el 80 por ciento sale adelante porque ya están cansadas de vivir así. No es lindo.

TdB: ¿Cómo les afectó la pandemia?

MS: Mal, porque no podíamos venir acá, no podíamos armar ferias, no podíamos salir a vender. Tuvimos que parar. No teníamos ventas. Fue duro y ahora estamos queriendo reactivar de vuelta.

TdB: ¿Qué proyectos tienen a futuro?

MS: Estamos atrás de lograr la asociación civil. Nos faltan un par de papeles. La idea es tener un lugar que sea planta baja para que participe gente en silla de ruedas y ampliarse y que no sea sólo gente en situación de calle, sino también toda persona que no tenga trabajo. Queremos lograr vender más, tener más difusión y que la gente sepa que cada vez que compra, nos está ayudando mucho.