sábado, febrero 14

El tango, punto de encuentro

Froyamel Corro y Ángeles Carrión llegaron al Festival de Tango de Boedo desde caminos distintos y con años de recorrido a cuestas. Entre historias cruzadas, migraciones y tango compartido, la pareja se consagró campeona del certamen de baile 2025 y encontró en el barrio un nuevo punto de partida para su camino juntos.

El Festival de Tango de Boedo es un punto de encuentro para artistas que llegan con historias diversas y se van con nuevos comienzos. Entre aplausos, vecinos y una pista cargada de emoción, la pareja integrada por Froyamel Corro y Ángeles Carrión se consagró ganadora del certamen de baile en 2025. Pero, detrás del premio hay años de recorrido, idas y vueltas entre países y una sociedad artística que se mueve con la solidez de quienes se entienden en el abrazo.

Conversamos con los bailarines ganadores del certamen de baile del festival para repasar sus sensaciones sobre el festival, su historia compartida y el presente profesional que los encuentra proyectando un año cargado de competencias y escenarios.

Tintas de Boedo: ¿Cómo se sintieron durante el festival? ¿Qué balance hacen de su participación?

Ángeles Carrión: La competencia estuvo muy linda. Nos sentimos muy bien en el festival. Es un espacio donde se nota mucho la calidez barrial, y eso estuvo buenísimo. Vino mucha gente de la zona, lo que hizo que todo se sintiera muy cercano. En mi caso particular, hacía muchos años que no competía en Argentina porque estuve viviendo bastante tiempo afuera, trabajando y bailando, pero no compitiendo acá. Me pareció un gran lugar para volver a empezar: fue cálido, los jurados fueron increíbles, el espacio y la organización estuvieron muy bien. Me sentí muy cómoda.

Froyamel Corro: Yo también lo disfruté mucho. Es un festival que vengo siguiendo desde hace años, incluso por amigos que ya habían participado. Siempre me pareció una movida muy auténtica y muy cercana a la gente. Poder estar ahí fue una experiencia hermosa.

TdB: ¿Hace cuánto se conocen y cómo decidieron bailar juntos?

FC: Fue algo bastante fortuito. Yo soy de México, nací en Morelia, y vivo en Argentina hace casi diez años. Siempre me dediqué al tango. Ángeles, al revés que yo, es argentina pero vivió muchos años en México. Después de la pandemia empezamos a coincidir más porque yo iba a trabajar allá y nos cruzábamos en eventos, armábamos cosas juntos. Esas coincidencias profesionales también fueron construyendo una amistad.

AC: La vida nos acomodó para encontrarnos en el medio. Cuando nos conocimos estábamos en lugares muy opuestos, pero con el tiempo todo se fue alineando. Empezamos a compartir proyectos de manera intermitente, él viajaba, yo venía, y así durante varios años. Trabajamos juntos de ese modo unos cuatro años, hasta que este año decidimos darle forma más estable a la pareja.

FC: Ángeles volvió a Buenos Aires por cuestiones personales y familiares, y yo justo estaba sin pareja de baile. A comienzos de este año dijimos: “¿Por qué no intentarlo en serio?”. Empezamos tranquilos, mientras resolvíamos mudanzas y cambios de vida, y en ese contexto apareció el Festival de Tango de Boedo, que para mí siempre fue una referencia de movida barrial. Fue como un empujón para esta nueva etapa.

TdB: ¿Qué sintieron cuando ganaron? ¿Era algo que esperaban?

AC: Nosotros nos preparamos para cada competencia. Bailamos tango desde hace muchísimos años y cada uno tiene su trayectoria individual. De alguna manera, venimos preparándonos para estos escenarios desde hace mucho tiempo. A veces encontrás a la persona con la que podés compartir todo eso, y cuando pasa, se siente muy fuerte. Boedo fue el lugar donde se juntó toda esa experiencia acumulada. No sé si lo esperábamos o no, pero sí sabíamos que habíamos dado todo. Y también entendemos que las competencias no son solo ganar o perder: son espacios para aprender y crecer.

FC: Yo sentía que podíamos hacer un buen papel. Había parejas muy buenas, amigos incluso. Ganar podía pasar o no. Pero el resultado nos dio mucha motivación. Estos espacios donde uno puede probarse varias veces en el año ayudan a seguir con ganas.

TdB: ¿Qué significa el tango en sus vidas?

AC: El tango es prácticamente el setenta por ciento de mi vida desde que tengo trece años. El resto hoy lo ocupa mi hija, mis amigos… pero mi hija también es parte del tango porque comparte mucho de mi carrera. Elegí el tango en las buenas y en las malas. He preferido pasar momentos difíciles antes que dejar de bailar. Para mí es una forma de vivir.

FC: Para mí también es una forma de vida. Estoy completamente dedicado a mi carrera en el tango: shows, seminarios, clases. Ahora estoy más enfocado en quedarme en Buenos Aires, porque ya viajar implica un gran movimiento al vivir lejos de mi país. También me interesa la docencia y otras facetas del tango, como la formación y el trabajo en espacios educativos.

TdB: Ustedes tienen experiencia en el exterior. ¿Cómo sienten que es visto el tango hoy en el mundo?

FC: Sorprende el fervor tanguero que hay en muchos países. Es una cultura muy local, pero en el mundo se valora muchísimo. Eso también amplía nuestras posibilidades de trabajo.

AC: Yo siempre digo que el tango es como un país propio, sin fronteras. Es un lenguaje. Viajé por muchos lugares donde no hablaba el idioma, pero podía comunicarme bailando. El abrazo conecta, y eso lo entiende cualquiera. Por eso el tango genera tanta comunidad en todo el mundo.

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