
La marplatense Marcela Fiorentino fue la ganadora del certamen de canto del Festival de Tango de Boedo 2025. Repasamos el camino que la llevó al tango, la experiencia de competir en un festival atravesado por la autogestión y los proyectos que comienzan a partir de ahora.
Marcela Fiorentino viajó desde Mar del Plata para participar del Festival de Tango de Boedo 2025 sin imaginar que volvería a su ciudad con el primer premio del concurso de canto. Su interpretación de “Ni olvido ni perdón”, una obra de fuerte contenido social del compositor Juan Vattuone, resonó con la identidad de un festival que, desde el sur porteño, sostiene la cultura con trabajo colectivo y convicción. Charlamos con la cantante sobre su experiencia en el festival boedense, la cual define como “maravillosa” y profundamente movilizadora.
Tintas de Boedo: ¿Qué sensaciones te dejó tu participación en el Festival de Tango de Boedo?
Marcela Fiorentino: Fue algo maravilloso. Indudablemente, todo lo que es traccionado a sangre, como es el festival, con tanta pasión, uno lo vive a flor de piel. Se siente intensamente. Yo seguía el festival por redes y cuando apareció la inscripción para el certamen de canto no lo dudé. Fue un desafío grande, porque soy de Mar del Plata y venir a un espacio de cultura tan fuerte y tan emocionante impone mucho respeto. Nos vinimos por ruta a vivir la experiencia y ya caminar por las calles de Boedo fue algo que me llevo en el corazón. Después llegó la semifinal, compartir con tantos cantantes fue inolvidable. Esa noche, después de la semifinal, volvimos a Mar del Plata con mi compañero. Yo ya me sentía ganadora por todo lo vivido. Pero había que volver para la final. Fue el domingo, en el Espacio Julián Centeya. Entrar ahí fue como meterse en una máquina del tiempo, como correr un telón y encontrarse con una milonga maravillosa. Fue muy conmovedor. Y obtener el primer puesto con “Ni olvido ni perdón”, de Juan Vattuone, que me representa tanto en mi vida, fue enorme.
TdB: ¿De dónde surge tu vínculo con el tango y cómo empezaste a cantar?
MF: Mi apellido puede hacer pensar en Francisco Fiorentino, pero no, es solo coincidencia. Mi papá cantaba tangos en bares y algo de eso me quedó en los genes. No lo desarrollé de chica. Empecé a cantar recién a los 35 años. Soy una mujer criada en los años 80, en una familia italiana, con un modelo muy patriarcal donde el lugar de la mujer era la casa. Amo ser mamá, tengo un hijo hermoso, pero durante mucho tiempo eso condicionó mis decisiones artísticas. Mi hijo salió músico desde muy chiquito. A los dos años ya andaba jugueteando con un piano y a los seis empezó a estudiar música. Acompañarlo en su camino fue también una manera de animarme al mío. Así empecé a formarme y a meterme de lleno en el tango, que ya estaba sembrado en mí desde siempre.
TdB: También tuviste experiencias fuera del circuito local.
MF: Sí, tuve la posibilidad de viajar al Festival Internacional de Tango de Medellín y de trabajar junto a Susana Rinaldi en talleres de interpretación en Mar del Plata. Fueron años donde la cultura tenía otro acompañamiento, donde el artista era más valorado. De todo eso aprendí muchísimo. Y después llegó el rock a mi vida, de la mano de mi hijo. Fui mánager de su banda y ahí descubrí algo muy fuerte: el tango y el rock son primos hermanos. Comparten el barrio, la experiencia de vida, el amor, el dolor. Empecé a fusionar esos mundos y eso también forma parte de mi identidad artística.
TdB: ¿Por qué elegiste “Ni olvido ni perdón” para cantar en el festival?
MF: Cuando vi que “Ni olvido ni perdón” estaba en la lista de canciones posibles del concurso fue muy fuerte, porque es una obra totalmente actual, con un compromiso que necesitamos decir hoy. Participar con ese tango fue muy movilizador.
TdB: ¿Qué significó para vos, en lo personal y en lo artístico, haber participado del Festival de Tango de Boedo?
MF: El festival me abrió una puerta enorme. Estoy profundamente agradecida a la organización. Lo que hacen desde la autogestión es impresionante, muy humano. Hay que querer mucho la cultura para sostener algo así. Solo tengo palabras de agradecimiento a todos los que hacen el festival y a todo el barrio de Boedo. Me traje un pedacito de ustedes a la orilla del mar. Y ojalá pronto pueda volver a cantar ahí, porque cuando el arte nace desde lo colectivo y lo humano, brilla de una manera especial.
Foto: Festival de Tango de Boedo.
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Redactor de www.tintasdeboedo.com.ar
