
En una antigua casa chorizo de 1917 que estuvo a punto de desaparecer, hoy existe un espacio donde conviven el tango, el teatro, la escritura y el cine. Portal Rojo es el sueño hecho realidad de Michael Widjaja, un ingeniero que dejó la consultoría internacional para apostar por la cultura, el patrimonio y la vida de barrio en el corazón de Almagro.
En el barrio de Almagro, detrás de una fachada centenaria, funciona un espacio donde conviven el tango y el yoga, el teatro musical y la escritura, el cine independiente y las milongas. Se llama Portal Rojo (Quito 4231) y es mucho más que un centro cultural: es el proyecto de vida de Michael Widjaja, ingeniero y consultor internacional que, después de recorrer el mundo, eligió la Ciudad de Buenos Aires para quedarse… y crear.
Nacido en Países Bajos y radicado en Argentina desde 2010, Widjaja encontró hace tres años una antigua casa chorizo de 1917 que estuvo a punto de ser demolida. Decidió preservarla y convertirla en un lugar abierto al barrio, donde el arte fuera accesible y el patrimonio arquitectónico siguiera vivo. Hoy, Portal Rojo reúne a más de veinte docentes, más de doscientos alumnos y una agenda cultural que no para de crecer.
En esta nota, conversamos con el fundador del espacio quien repasó el origen del proyecto, su vínculo con la ciudad y los sueños que siguen tomando forma entre paredes altas, puertas rojas y patios llenos de historia.
Tintas de Boedo: ¿Cómo nació este proyecto?
Michael Widjaja: Cuando encontré esta casa, hace tres años, todavía no tenía una idea clara de qué hacer con ella. Justo en ese momento también empecé a tomar clases de canto, algo totalmente nuevo para mí, porque antes nunca había hecho actividades artísticas. Soy ingeniero y trabajé muchos años como consultor internacional.
TdB: ¿Hace cuánto vivís en Argentina?
MW: Desde 2010. Vine por primera vez en 2004 porque mi empresa me envió a trabajar en un proyecto. Me iba a quedar un año, pero el país me gustó tanto que en 2010 decidí volver y quedarme. Mi esposa Mara es de acá y ella me convenció de quedarme a vivir en este hermoso país.
TdB: ¿En qué ciudades habías vivido antes?
MW: Viví en Londres y en varias ciudades de Europa por mi trabajo. Vengo de Países Bajos, pero también viví en Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Finlandia. También, trabajé en África, Japón, Estados Unidos y otros países de América Latina.
TdB: ¿Y por qué, entre tantos lugares, elegiste Argentina?
MW: La primera vez que vine, en 1994, me sorprendieron tres cosas: el clima, la gente muy amable y abierta y la cultura. La vida durante el día, los fines de semana, las noches, es una ciudad que siempre está viva. En otros países también hay cosas que me gustan, pero la combinación que encontré acá me hace sentir relajado y disfrutar más la vida.
TdB: ¿Cómo llegaste a esta casa en particular?
MW: Yo ya vivía en el barrio. Una vecina quería vender la casa como terreno para construir un edificio, pero es una casa de 1917, estilo casa chorizo, con valor patrimonial. A mí me interesa mucho preservar la arquitectura histórica, así que decidí comprarla. En ese momento no sabía qué iba a hacer, pero sentía que había que cuidarla.
TdB: ¿Y cómo pasó de casa antigua a espacio cultural?
MW: La casa antes funcionaba como centro de constelaciones familiares y tenía salas grandes, difíciles de usar como vivienda. Mi profesora de canto tenía experiencia gestionando espacios culturales y me propuso crear uno acá. Pensamos en un lugar abierto a muchas disciplinas: baile, teatro, comedia musical, yoga, lectura, escritura, cualquier actividad cultural imaginable. Empezamos hace tres años y hoy tenemos más de veinte docentes, más de doscientos alumnos y una agenda de actividades los fines de semana. Nunca imaginé que iba a crecer tanto.
TdB: ¿Por qué el nombre Portal Rojo?
MW: Cuando compramos la casa, todavía tenía muchos elementos originales: techos de cinco metros, patios, puertas antiguas, y varias eran rojas. Me gustó la idea de ‘portal’ porque no es solo una puerta: es un pasaje a otro mundo. Cuando entrás, dejás afuera el estrés y las tensiones, y podés dedicarte a lo que te hace bien.
TdB: ¿Qué tipo de actividades organizan hoy?
MW: Todos los fines de semana tenemos eventos. Hacemos milongas usando las dos salas como pistas de baile, cine independiente donde el público elige la película, circo poético con poesía y canto, y estamos por sumar un karaoke mensual. Queremos que las personas que toman clases también tengan espacios para mostrar lo que hacen. Quiero que la gente pueda aprender y hacer cultura en un lugar accesible. El arte no debería ser inaccesible.
TdB: También impulsan una producción anual, ¿de qué se trata?
MW: Es un proyecto que empezamos este año. Juntamos a alumnos y docentes de distintas disciplinas para crear algo en conjunto, lo grabamos y lo publicamos. La primera vez hicimos una versión musical inspirada en Los Miserables. Este año queremos algo más grande, integrando canto, teatro, baile y hasta yoga. No es solo una muestra: es una experiencia colectiva que motiva mucho.
TdB: Trabajaste 25 años como consultor, ¿sentís que esta es otra etapa de tu vida?
MW: Totalmente. Trabajé muchos años en una empresa internacional y me retiré como socio. Sentí que era momento de hacer algo diferente. Varias oportunidades se juntaron y nació este proyecto. Hoy me siento muy cómodo apoyando la cultura y el patrimonio.
TdB: ¿Sentís que la Ciudad de Buenos Aires es tu lugar en el mundo?
MW: Sí, absolutamente. La Ciudad tiene muchísimo para ofrecer: la gente, la arquitectura, la vida cultural. Se habla mucho de la ‘ciudad de 15 minutos’, donde tenés todo cerca de tu casa. Buenos Aires ya ofrece eso. Y Portal Rojo también quiere ser parte de esa red de espacios cercanos, abiertos al barrio. Por eso me quedo acá.
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Redactor de www.tintasdeboedo.com.ar
