sábado, septiembre 24

Cinco años de cultura en el barrio

 

Un lustro ofreciendo actividades culturales a los vecinos y vecinas de la ciudad. Muy cerca de nuestro barrio de Boedo, Fernando nos cuenta cómo se fundó 921 Casa Cultural.

Tintas de Boedo: ¿Qué es 921?

Fernando: Es la casa de muchos. Recibe tanto proyectos como gente. Es un lugar de encuentro tanto de ideas como de lo social, de lo cultural. En estos cinco años pasaron más de 3 mil artistas por la casa y muchísima gente viéndolos. El foco central es en la expresión, lo musical, las exposiciones, la fotografía, la poesía, el teatro. Hubo ciclos de humor, ciclos de cine, presentaciones de libros, es bien variado y hay muchas ganas de que la casa siga creciendo.

TdB: ¿Cuándo nació este espacio?

Fernando: 921 Casa Cultural tiene 5 años. Lo inauguramos en mayo de 2017 pero nos llevó dos años antes poner a punto la casa para abrirla. Estamos en San José de Calasanz 921. La casa pertenecía a mi familia. Era de mi bisabuela y tiene más de cien años. Cuando llegamos, tenía goteras por todos lados, los pisos se partían, era un caos, no había luz, ni agua, ni gas. De a poco con un grupo de amigos la fuimos poniendo a punto. A medida que fue pasando el tiempo nos fuimos dando cuenta que tenía un potencial y llegó un momento en donde se armó un proyecto más serio para encarar lo que sería la apertura del centro cultural. Recién en 2017 pudimos conseguir la habilitación y abrir al público ya como una herramienta de trabajo para nosotros y apostando a desarrollarla de a poco.

TdB: ¿Cómo fueron esos arranques?

Fernando: Al principio nos costó mucho el hecho de darnos a conocer, que la gente se acerque. Nosotros no tenemos cartel, ni nada que nos marque desde afuera porque también la idea es que el lugar no pierda la impronta de ser una casa, que te abran la puerta, que te den la bienvenida, que te cuenten de qué se trata esto, que haya una propuesta diferente cada día. Se trata de mantener el sentido hogareño. Cuando abrimos empezamos a hacer muchas movidas y propuestas artísticas y culturales y recién al par de meses empezó a llenarse y a funcionar. El espacio se fue moviendo muy bien, al punto que empezamos a gestionar otro espacio que está en Río de Janeiro y Rivadavia que es Río Patio Cultural.

TdB: Cumplieron 5 años, imagino que tiraron la casa por la ventana…

Fernando: En nuestro cumpleaños hicimos algo que teníamos ganas de hacer hace mucho tiempo: abrir la casa a la calle. Así que hicimos una buena grilla de artistas y nos tocó un día genial. Habrán pasado casi mil personas esa tarde noche. Fue una fecha en donde hubo 10 feriantes, 30 artistas que estuvieron tocando en vivo desde las 3 de la tarde hasta las 12 de la noche. Además, hubo juegos, hubo merienda, comidas y bebidas. Fue el evento más grande que pudimos organizar y nos dejó una muy buena experiencia porque salió todo muy prolijo y la recepción de los vecinos fue positiva. El festival nos dejó con un lindo sabor y con ganas de empezar a hacer ese tipo de festivales un poco más seguido. Se generó una apertura para gestionar ese tipo de fechas. Estamos pensando en armar otro festival para septiembre con el comienzo de la primavera.

TdB: ¿Cuál es la oferta de talleres?

Fernando: Tenemos yoga pilates, guitarra, candombe, poética audiovisual, canto jazz, coro, ensambles (de guitarra, funk, jazz y guitarra) y actuación. Son 11 talleres, todos a la gorra porque es la manera que creemos de hacer cultura, que sea accesible sin importar la condición socioeconómica que tenga cada uno. Buscamos hacer una cultura abierta cuidando que los artistas puedan recibir el dinero correspondiente a lo que trabajan.

TdB: ¿En qué momento dijiste “voy a dedicarme a la cultura”?

Fernando: Siempre me gustó la gestión. Había arrancado la carrera de Contador Público pero me fui dando cuenta que la dureza que tenía no respondía a lo que estaba buscando. Pero por otro lado, me fui metiendo en capacitaciones en lo que es el mundo emprendedor y en un concurso de planes de negocio armé una cafetería cultural como proyecto. Ese fue como el primer acercamiento. Cuando la casa de mi abuelo le quedó a mi familia, consulté si me prestaban el espacio para probar armar un proyecto. Desde entonces, hace siete años que me estoy dedicando a esto.

TdB: ¿Qué aprendizajes te dejó este proyecto?

Fernando: Fue un gran cambio en la manera de ver las cosas, trabajar en la cultura es cambiar la perspectiva de ver el mundo. Lo colectivo es fundamental para la construcción de estos espacios. En cinco años pasaron más de cien personas que fueron dejando su granito de arena, su aporte, su impronta. El proyecto se va acomodando a la gente que lo va habitando, va mutando todo el tiempo, ni hablar con la pandemia. Ahí surgió la idea de cooperar con otros espacios culturales y de hacer viandas solidarias. Se armó un esquema donde cocinábamos dos veces por semana acá y llegamos a articular 500 viandas por semana. Durante toda la pandemia se entregaron más de 12 mil platos de comida y de esa experiencia surge la idea de armar la Asociación Civil Fogata Cultural que nos ayude a articular toda la parte sin fin de lucro de una manera más oficial y con más herramientas.

TdB: ¿Cómo fue que se acercaron a otros espacios?

Fernando: Eso se dio hace un año y medio. Nosotros nos fuimos acercando a diferentes proyectos culturales de la zona para intercambiar experiencias. Durante la pandemia nos pudimos mantener bastante activos con el delivery, mantener los puestos de trabajo de todo el equipo y ayudamos mucho a otros centros culturales que no tenían tan desarrollada la cocina. Así, hicimos un convenio de cooperación donde otros espacios vendían la comida que nosotros ofrecíamos del menú y se llevaban las ganancias de esa venta. Entonces, durante la pandemia lo que hicimos fue armar la asociación civil para articular cultura y realizar proyectos de manera más amplia y no reducirnos al proyecto de 921. Ahí también surgió este segundo espacio Río Patio Cultural. Entre los dos espacios son casi 50 personas las que laburamos de cultura, ya sea en cocina, barra, gestores de fechas.

TdB: ¿Qué proyectos tienen a futuro?

Fernando: Desde la asociación civil que creamos, la idea es ser un actor cultural más de la Ciudad y que nos permita generar espacios nuevos o propuestas culturales itinerantes que ayuden a la difusión y a la dignificación del trabajo de la cultura. Buscamos que pueda ser algo sostenible en el tiempo, sentimos que el sector cultural es uno de los más vulnerables. La mayor dificultad de la vuelta después de la pandemia fue que muchos equipos habían perdido mucho de sus equipos, mucha de la gente que los impulsaba, porque se dedicaron a otros proyectos o a algo que les rindiera más económicamente. Nosotros tenemos la idea de hacer un cambio, que se puedan pensar los proyectos culturales a largo plazo, con un equipo de gestión que ayude en esos procesos. Los proyectos se van dando así. Nos vamos encontrando con necesidades de un espacio o algún proyecto al que nosotros podemos darle una mano. En este momento estamos con la idea de la apertura de un tercer espacio, que seguramente este año se dé.