martes, junio 18

“El corso de Boedo es el evento más convocante”


Así lo afirma Juan Carlos “Pipi” Porcel, integrante de Los Chiflados de Boedo. Luego del paso de los carnavales, repasamos su historia, el mundo murguero y la vocación de pensar en el otro.

El carnaval tiene sus inicios en el 1600. Es una mezcla entre el legado español y el candombe que bailaban los esclavos. En Argentina, el primer carnaval se efectuó en 1869. En él participaban comparsas y gente con máscaras.

Durante la dictadura cívico militar del año 76´esto se prohibió, regresó en el 83´ junto con la democracia, pero la cantidad de grupos de murga eran pocos. Actualmente, la cantidad armadas y ya consolidadas en las calles es enorme. Una de las más importantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires son “Los Chiflados de Boedo”, que nacieron en 1998 producto de una separación de una comparsa madre llamada Los Cometas de Boedo.

Juan Carlos “Pipi” Porcel, integrante de Los Chiflados de Boedo desde el 2007, contó quiénes son algunos de los fundadores que actualmente están y cuáles son los colores que identifican a la murga: “Los colores por supuesto son por el club (San Lorenzo) y fueron varios directores, los que quedaron actualmente son: Cristian Evangelista, «Sando» como le dicen; Vanina Tarelli y el Chino Bianco que actualmente está en la murga”.

Porcel venía de otra que se llamaba “Los Pecosos de Floresta”, pero en el 2007 se va para Boedo. A Porcel le propusieron que sea el que coordine el corso, en la anterior murga ya había tenido esa experiencia, por ende, sabía como moverse. “Acepté con la condición de que a mí me gusta bailar, me invitan de distintas murgas y distintos grupos musicales de murgueros y no murgueros. La condición era que yo podía bailar en otros lugares también, pero siempre con la ropa de la murga. Hace más de 15 años que me encargo de coordinar y prácticamente la organización del corso de Boedo, uno de los corsos más importantes de la ciudad”, señaló Porcel.

“Los Chiflados de Boedo tienen más de 270 integrantes, es un número más que importante. Además, indicó que por la pandemia muchos murgueros se fueron deshabituando, que no fue solo acá, sino que también en otras murgas mermó la cantidad de personas.

Ensayan a partir del mes de septiembre en el Parque Chacabuco los sábados a las 16 horas hasta las 18 en épocas de invierno, mientras que en verano es de 18 a 20. A finales de diciembre y principios de enero, debido a que se acercan las fechas de carnaval, ensayan dos veces por semana; los sábados de 18 a 20 y los jueves de 19 a 21.

En la misma línea sobre cómo se manejan en la murga, se le consultó que necesita la gente para sumarse: “Para entrar en los Chiflados solo hay que tener ganas y compromiso, porque para mantener la calidad del espectáculo que hacemos en cierta forma tenemos que exigirnos, dar casi todo. Siempre respetando las prioridades que son el estudio, el trabajo, la familia, pero cuando te avocas a la murga es pensar en la murga y tratar de dar lo mejor”.

Porcel señala que la comparsa es una contención colectiva, que se lograron cosas muy importantes en términos sobre la violencia, incluso logros que la sociedad no consigue; que es que no haya violencia entre las murgas. Nos cuenta que se pueden cruzar con “Los Caprichosos de Mataderos” y no tienen ningún problema porque se mentalizan en que tienen que convivir. Aclara que hay sanciones si ocurriese algún hecho de violencia, pero que lograron la convivencia entre las comparsas, los barrios y las agrupaciones.

El 12 de diciembre del año pasado, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reconoció a la murga “Los Chiflados de Boedo” como de interés cultural, sobre este acontecimiento se le consultó a Porcel como recibió esta distinción: “Eso marcó un hito; ese reconocimiento que recibimos en la legislatura, un reconocimiento que tuvo el trabajo de muchos años. Cuando yo te dije que la impronta que tenía la murga, era darle la parte social. Cuando apenas se van de los cometas este grupo, forma un merendero en la esquina de Quintino Bocayuva y Constitución para darle de comer a 70 personas. Siempre se buscó devolverle a la sociedad cosas, o hacer pensando siempre en el otro, fue de una forma natural. Todas estas cosas se ven plasmadas en este reconocimiento en la Legislatura”.

Ya finalizado los corsos se le pidió a Porcel que haga un balance de lo que fue el carnaval, qué cree que salió bien y que piensa que hay que modificar para el 2024: “El balance del carnaval para nosotros fue muy especial porque después de la pandemia del 2020 volvimos a Boedo. En el 2021 era complicado y se hicieron streaming y otros tipos de cosas. Después el 2022 fue acotado, se hizo en el playón por tener un lugar cerrado, pero no se pudo hacer masivamente por el rebrote y este año volvimos. Muchos apostaban que no, porque al ser Boedo peatonal la gente prefería eso, pero a la larga por intermedio de cultura y la comuna y todo; se dieron cuenta que el corso de Boedo es el evento más convocante que tiene el barrio”, manifestó el murguero de “Los Chiflados de Boedo”.

Porcel señala que la murga nació de la propia comunidad, que fue una construcción colectiva hecha desde las bases de la gente. Continúa contando que hay familias que cosen, que hacen trajes, que los chicos arman coreografías, entre otras cosas; y que eso saldría de la misma comunidad.

“Los Chiflados de Boedo solo pensamos en eso, en devolverle a la comunidad todo lo que nos da; por ser solamente una comunidad que vive, que respira, que tiene historias de vida, que tiene un montón de cosas que de repente hacen. Nuestra idea es aportar y que la gente reciba, porque pensamos en el otro y en un mundo más abierto, más solidario y más colectivo”, sentenció Porcel.