viernes, mayo 24

“Somos un centro de resistencia cultural”

“Sigue la Polilla” es un espacio del barrio de Boedo que promueve el “desarrollo cultural y espiritual de cualquier persona”. Con casi una década de existencia, este rincón de la Comuna N° 5 fomenta el arte de múltiples formas.

 

Ubicado en Castro Barros 874, “Sigue la Polilla” es un multiespacio que alberga talleres, obras de teatro, recitales, exposiciones, rodajes, proyecciones, charlas, presentaciones, milongas, lecturas, festejos y todo tipo de eventos.

Se definen como un centro de resistencia cultural porque su objetivo es “resistir, luchar contra aquellas cosas que nos alejan de nosotros mismos, de los demás y de la naturaleza, pero hacerlo con la cultura y el arte como armas”.

Conversamos con Ariel Núñez, creador del espacio y director y docente de teatro, para conocer un poco de la historia de este rincón del barrio de Boedo. 

Tintas de Boedo: ¿Cómo surgió el espacio?

Ariel Núñez: Estamos hace casi ocho años, esto empezó como un deseo personal. Yo vivía en Caballito y estaba buscando un garaje o espacio chiquito para dar mis clases de teatro y apareció este lugar. Por suerte, lo pudimos alquilar y podemos trabajar un montón de cosas. Pasó de ser un pequeño galpón, que la idea era que funcione como un teatro, a que lo habiten un montón de actividades. Hoy hay obras de teatro, talleres, proyecciones, milonga, ferias, ha habido muchísimas actividades. El espacio está lleno de juegos, juguetes, antigüedades, muebles de reciclaje. 

TdB: ¿Por qué “Sigue la Polilla”?

AN: Por el libro de Carlos Castañeda, “Las enseñanzas de Don Juan”. Principalmente, en el tercer y cuarto libro, él habla de las polillas como las guardianas de la eternidad, el polvo que está en sus alas es conocimiento. Entonces, me pareció interesante que el espacio esté atravesado por eso. Nosotros somos un centro de resistencia cultural. Lo que hacemos es luchar ante las cosas que nos alejan de nosotros mismos, de los demás y de la naturaleza, utilizando la cultura y el arte como armas. La idea de este espacio es ser nido de cualquier actividad o disciplina que contribuya al desarrollo cultural y espiritual de cualquier persona. 

TdB: ¿Cómo es la distribución del espacio?

AN: El espacio se transforma constantemente, no hay un frente fijo. Visto desde arriba sería como una cubetera, con cortinas que uno puede sustituir y permiten también dividir el espacio. No hay escenario, es todo al nivel del piso porque me parece que está bueno profesar la horizontalidad. Además, el nivel de afectación del público, si tenés al artista a medio metro o al lado tuyo no es lo mismo que si está arriba de un escenario.

TdB: ¿Con qué obras cuentan en este momento?

AN: Éste va a ser el tercer año consecutivo de un espectáculo que se llama “Un hombre peligroso”, que trata sobre Severino Di Giovanni y el movimiento anarquista en Argentina. Esto empezó en la pandemia, donde me parecía importante no sólo hacer comedias románticas o armar proyectos livianos, por decirlo de alguna manera, sino tratar de que si fuera la última obra sobre la tierra que voy a hacer que tenga una incidencia en el afuera. Así que hicimos una experiencia inmersiva. La obra arranca en la calle, en Independencia y Castro Barros, o en otro punto del barrio y el público está dentro del espectáculo todo el tiempo como si fuera un actor más. Así, transformamos el espacio y le damos una atmósfera muy particular. 

TdB: ¿Por qué te parece importante sostener estos espacios culturales?

AN: Es importantísimo sostener estos espacios porque no son sólo un lugar con cosas, sino que son espacios con sustancia, con importancia y con incidencia en la transformación propia y de un otro.

TdB: ¿Cómo ves la situación de la cultura en la Ciudad?

AN: Pésima, pero por suerte hay muchas asambleas y muchos grupos que se están organizando. Es tristísimo que tengamos que estar constantemente peleando para que no nos sigan robando. Por eso hablo de tomar conciencia y el arte me parece que es una gran herramienta de lucha y transformación social, para que la gente empiece a darse cuenta de que si vas al eje de la cuestión es un problema cultural. Porque es una batalla cultural, donde todas las artes en general y la educación hacen que una persona pueda elegir y no votar en contra de su propio interés, que es lo que actualmente pasa. Por eso celebro que haya una Red de Cultura de Boedo. 

TdB: ¿Qué tipo de propuestas se pueden sumar al espacio?

AN: Acá decimos “buen día”, “permiso”, “perdón”, “por favor”, “te amo”, “gracias” y “adiós”. Todo aquel que profese esos principios ya es amigo nuestro y, si además el proyecto que tiene en mente tiene esta inclinación hacia generar conciencia, bienvenido. Cualquier taller que esté atravesado por la idea de generar conciencia, colaborar y contribuir en el desarrollo cultural y espiritual, es bienvenido.